Un hombre cruzaba la frontera todos los días transportando residuos de construcción en una vieja furgoneta. Los agentes de aduana lo revisaban cuidadosamente cada vez, pensando que llevaba algo prohibido. Pero cuando se descubrió la verdadera razón de sus viajes, todos quedaron en shock.
Cada mañana el mismo hombre llegaba al puesto fronterizo en una vieja y destartalada “Gazelle”. El vehículo estaba sucio, la carrocería crujía y encima siempre había un montón de ladrillos rotos, tablas viejas y basura de construcción.Los aduaneros pronto lo recordaron.

— Otra vez este… — decía uno de ellos.
— Sí, el mismo. Con la basura — respondía otro.
El hombre parecía un trabajador típico: sudado, con una camiseta sucia, sin afeitar, siempre quejándose de las malas carreteras y de cómo temblaba la vieja furgoneta.Cada día llegaba al puesto de control, se detenía en la barrera y entregaba tranquilamente sus documentos.
Pero con el tiempo los agentes empezaron a sospechar. Ese hombre cruzaba la frontera demasiado a menudo.Comenzaron a revisar su vehículo de arriba abajo.Vaciaban toda la basura del compartimento. Revisaban cada ladrillo. Rompían las tablas. Alumbraban con linternas el interior y debajo del vehículo.
Al día siguiente todo se repetía. Y al otro día también. El hombre volvía a llegar con la misma pila de chatarra de construcción.Los aduaneros se daban órdenes entre ellos:

— Quiten el panel.
— Alumbrad con la linterna.
— Desatornillen el asiento.
— Revisen el tanque de gasolina.
Estaban seguros de que transportaba algo ilegal. Pero cada vez encontraban solo una cosa: basura de construcción común.El hombre simplemente se encogía de hombros y decía:
— No hay ningún secreto… lo llevo al vertedero en la ciudad vecina. Allí pagan un poco por esto.
Esto continuó durante casi seis meses.Pero un día el hombre fue detenido por un caso completamente diferente y durante el interrogatorio se descubrió por qué en realidad cruzaba la frontera todos los días. Cuando supieron la razón, todos quedaron en shock.Cuando el investigador le preguntó sobre esos viajes, el hombre sonrió y confesó:
— Siempre miraban la basura… pero debían haber mirado otra cosa.

El investigador frunció el ceño.
— ¿Qué cosa?
El hombre respondió con calma:
— Los vehículos.
Resultó que todo ese tiempo estaba cruzando la frontera con furgonetas “Gazelle” robadas. Cada día — un vehículo nuevo.Y el montón de ladrillos y basura en la parte trasera era solo un truco de distracción. Los aduaneros se concentraban en la basura, revisaban cada ladrillo, pero nunca prestaban atención al vehículo en sí.
Por eso su esquema funcionó durante tanto tiempo.